02 febrero 2007


BRASILIA

¡Pero que bien viven estos! ¡Todo el día haciendo turismo! estaréis pensando.
Que no, que no. Que a lo que fuimos a Brasilia fue a hacer un curso del CIMI (consejo indigenista misionero) para la gente que trabaja o va a trabajar en áreas indígenas, como es nuestro caso.


Podríamos comenzar a contar aquí alguna de la cantidad de cosas que allí se trataron, como se te desmontan muchos de los esquemas y preconceptos del pensamiento occidental, la historia de los pueblos indígenas, de los misioneros y de los movimientos indígenas, el marco legal y político en que nos movemos... (puffffffff). Vamos que no pararíamos y os meteríamos una chapa importante.
Y como tampoco tenemos mucho tiempo, vamos a colocar unas fotos (que es lo que nos gusta a todos, ver los santicos de los libros).


El ritmo del curso fue muy intenso: tres semanas, mañana y tarde (y a veces noche) y sólo dos días libres.
Bueno, y alguna fiestecilla con churrasco también cayó (en la foto Laurindo, un cura de la consolata que está en Catrimani con los Yanomami, maestro churrasquero).



Y uno de los días libres fuimos a visitar la ciudad de Brasilia (en realidad estábamos a unos 30 km. de allí).

Brasilia es una ciudad que fue construida en mitad de la nada a final de los años 50 para ser la nueva capital del país, que hasta la fecha era Rio.



Como decía Mario, aqui tienen tanto dinero (y está tan mal repartido, como en todo el mundo) que hicieron una ciudad para seguir gastando.





Es una ciudad muchismo moderna que fue diseñada en el despacho de un arquitecto, Oscar Niemeyer, que se lo tuvo que pasar en grande, imaginad si no. Las calles no tienen nombre porque se divide en cuadras y en zonas, la zona bancaria, que es donde están los bancos, la de los hoteles, donde sólo hay hoteles, la de las embajadas, la avenida donde están todos los ministerios, y así. Tiene grandes espacios abiertos, avenidas, rascacielos, y es un poco complicado moverte a pie. Aquí con los compañeros visitando el congreso.




Vista en planta tiene forma de avión, y en la cabeza en plan piloto está la residencia del presidente, seguida del congreso y los ministerios. La gran avenida que se ve en la foto sería el cuerpo del avión. Los palitos blancos del fondo son el congreso.
Una de las últimas cosas que fuimos a ver fue el memorial de los pueblos indígenas, que es un museo y que está en la cola del avión. Después de andar 45 minutos sobre la hierba llegamos a un edificio más bien feo, supuestamente inspirado en una maloca Yanomami (básicamente porque era redondo), en el que gastaron cuatro perras y que estaba vacío y medio abandonado. Vamos, toda una metáfora del lugar que ocupan los indígenas en Brasil.


Aquí podéis ver algunas fotos. Las de aquí son de la catedral, que en su interior resulta bastante espectacular.














Y aquí unas fotos del famoso encuentro de las aguas de Manaus. Como estuvimos allí un par de días y nos lo habían recomendado encarecidamente, pues aprovechamos y fuimos.

Aquí es donde se unen el rio Solimoes, que en realidad es el Amazonas pero con otro nombre, y el Rio Negro, y forman ya el Amazonas en todo su esplendor.
Viendo las fotos no hace falta que expliquemos porque lo llaman "el encuentro de las aguas". La diferencia de densidad, materia orgánica en suspensión, velocidad... es lo que hace que las aguas, una color coca cola y otra cafe con leche, corran bastante distancia sin mezclarse.




La excursión es fundamentalmente acuática y obviamente pensada para los turistas. Puedes ver fauna y flora típica de la región (a ver quién ve dónde está el cocodrilo), comprar artesanía indígena, dejar que te sableen por una cerveza y hasta hacerte una foto con un perezoso en brazos. Pero bueno, la verdad es que merece la pena. Si venís a visitarnos ya os llevaremos a verlo.

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